Ciencia y Reflexión - Revista Científica Multidisciplinaria
ISSN 3045-5537 (en línea) Enero-Marzo, 2026, Volumen 5, Número 1 Pág. 663
a la toma de decisiones sustentadas, haciendo una mejor comprensión de los sucesos y, por
tanto, permite asumir una postura crítica desde el argumento.
Por otro lado, las instituciones educativas deben incluir en la estrategia educativa la mirada
ambiental desde el enfoque sistémico, de manera que incida en el actuar institucional; además
de capacitar a los docentes, ya que abordan un campo de acción, desconociendo y reduciendo
la forma ver y entender el ambiente desde su complejidad, abordando problemáticas
profundas como la paz y el bienestar común.
Formar ambientalmente debe asumirse una colocación ética y política frente al mundo,
cuestionando las formas en que habitamos el territorio, las relaciones que establecemos con
los ecosistemas y el modo en que distribuimos los recursos naturales, reconociendo que las
decisiones que tomemos conguran, afectan, determinan y movilizan colectivos.
En esta perspectiva, la escuela debe asumir la educación ambiental como como un acto
político y ético, que promueve la reexibilidad y la justicia por la condición humana, formando
no para la adaptación, sino para la acción desde la humanización misma. Freire, desde la
Pedagogía del oprimido (1970), hace un llamado a dar la voz a aquellos que han sido
silenciados, partiendo de las experiencias que este experimenta con el mundo. La escuela, en
la visión freireana, no es un espacio neutro ni pasivo; es territorio de lucha, de diálogo y de
esperanza. En ella, la educación ambiental no se limita a transmitir contenidos, sino que se
convierte en una práctica liberadora, capaz de despertar la conciencia crítica de los sujetos
frente a las injusticias ecológicas y sociales que los atraviesan.
Por último, y no menos importante, es de revisar las propuestas educativas en el marco de lo
ambiental; estas deben contar con la evaluación como garante de la continuidad y el
seguimiento permanente, a fin de trascender y no quedar en escenarios transitorios. En este
orden, la evaluación debe ser continua, admitiendo los aciertos y desaciertos para ser