Ciencia y Reflexión - Revista Científica Multidisciplinaria
ISSN 3045-5537 (en línea) Enero-Marzo, 2026, Volumen 5, Número 1 Pág. 5
evaluación/reconocimiento del desempeño (DOF, 2018).
Así mismo, la NOM-35 menciona que los factores de riesgo psicosocial incluyen condiciones
del ambiente de trabajo y de la organización (sobrecarga, falta de control, jornadas extensas o
rotación nocturna, interferencia trabajo-familia, liderazgo/relaciones negativas), así como la
exposición a acontecimientos traumáticos severos o a violencia laboral; dichos factores
pueden detonar trastornos de ansiedad, alteraciones del sueño y estrés grave. En el plano
conceptual, estos factores se abordan desde la psicología del trabajo y la organización y, en la
literatura nacional, se articulan explícitamente con la NOM-035 como marco de referencia
para su clasificación y gestión (Villagrán-Rueda, 2022).
Para evaluar este riesgo psicosocial se han construido diversos instrumentos especializados
para burnout y para engagement, cada uno con lógicas de construcción, escalas y reportes
propios. En el trabajo docente, esta fragmentación de acuerdo con Ávila-Dávila, et al, (2017),
se traduce en operaciones paralelas (aplicación, calificación e interpretación separadas) y en
dificultades de alineación entre resultados psicométricos y categorías (carga, control,
liderazgo, violencia, acontecimientos traumáticos). En términos conceptuales, medir por
separado agotamiento/cinismo/eficacia y vigor/dedicación/absorción aporta valor, pero no
garantiza por sí solo la trazabilidad hacia decisiones institucionales exigidas por la NOM-035,
además de considerar las decisiones institucionales (DOF, 2018).
Por otro lado, y además de las condiciones psicológicas y emocionales, se debe tomar en
cuenta la parte nutricional y física que modula la respuesta al estrés crónico (sueño, calidad
de la dieta, actividad física) y que incide en fatiga, estado de ánimo y agotamiento,
componentes estrechamente vinculados con burnout y, en sentido positivo, con el
vigor/engagement. Investigaciones como la de Igu, et al, (2023), confirman que la
incorporación de ejercicios como yoga con terapia cognitivo-conductual reduce de forma