Ciencia y Reflexión - Revista Científica Multidisciplinaria
ISSN 3045-5537 (en línea) Enero-Marzo, 2026, Volumen 5, Número 1 Pág. 30
de familia ejercen una función importante en este sentido; sin embargo, no siempre es asumida
de manera activa, por lo cual el contenido escolar y la información de los medios de
comunicación se convierte en las fuentes principales (Escobar, 2010). Esta realidad refleja que
es preponderante que exista una comunicación efectiva entre los padres y sus hijos, en la que
existan las condiciones para que estos expresen sus dudas de una manera abierta, honesta y
sin prejuicios.
Las necesidades en materia de educación sexual han alertado a instituciones a lo largo del
mundo; una de estas es la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y
Educación Sexual (FLASSES), la cual, desde 1980, busca que exista un intercambio de ideas
entre instancias gubernamentales y educativas en torno a la necesidad de la educación para
la salud sexual (Escobar, 2010). A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas
implementó, en 1996, el programa ONUSIDA, el cual se enfocó en la prevención de este
padecimiento a través de la educación y de otras estrategias.
Por su parte, en México, las políticas de salud indican, en materia de sexualidad, que se deben
garantizar los derechos sexuales y reproductivos de todas las personas; además, tiene como
objetivo la eliminación de violencia obstétrica y de la atención de los embarazos no
planificados, principalmente, en aquellas mujeres que enfrentan alguna condición de
vulnerabilidad y/o desigualdad (Jasis, 2022). La salud sexual es un constructo integral y
multisistémico, que se ha visto afectado por la pandemia de COVID-19, evidenciando la
existencia de carencias considerables para los derechos humanos.
Otro punto importante para considerar es el papel de los medios de comunicación; los cuales,
entre sus funciones, tienen el objetivo de ayudar a la formación de una comunidad crítica y
responsable, a través de la promoción de su participación en ámbitos sociales, culturales,
políticos y económicos (Caricote, 2008). Ante esto, la alfabetización mediática adquiere una