
Recibido: 08/11/2025
Aprobado: 12/03/2026
Ciencia y Reflexión - Revista Científ ica Multidisciplinaria
ISSN 3045-5537 (en línea) Enero-Marzo, 2026, Volumen 5, Número 1 Pág. 952
DOI: https://doi.org/10.70747/cr.v5i1.960
Sentados y Agotados: El Costo Oculto de ir a la Oficina
Montserrat Legorreta Rojas
https://orcid.org/0009-0002-3201-5787
mlegorretarojas@yahoo.com.mx
Instituto Mexicano del Seguro Social
Ciudad de México - México
RESUMEN
La vida laboral marcada por inactividad y desplazamientos prolongados incide en la salud
y el desempeño del personal. Este ensayo analiza críticamente los efectos del sedentarismo
asociado a los tiempos muertos en la oficina y a los traslados prolongados sobre la salud y
la productividad del personal. A partir de la revisión de literatura, se examinan los impactos
del tiempo improductivo, las consecuencias patrimoniales de la permanencia innecesaria y
el papel de los traslados largos en agravar estos problemas. Asimismo, se explora el
transporte institucional como una estrategia estructural para mejorar el bienestar laboral,
reducir el daño patrimonial y optimizar el uso de recursos públicos. Los hallazgos sugieren
que las soluciones organizacionales orientadas a resultados, y no a la mera presencia física,
pueden generar beneficios medibles tanto para los trabajadores como para la institución
Palabras clave: sedentarismo, traslados prolongados, productividad, transporte institucional,
daño patrimonial, bienestar en el trabajo
Los autores declaran no tener conflicto de intereses.
El Editor y los Revisores declararon no tener conflicto de intereses.
Licencia:

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Sitting and Exhausted: The Hidden Cost of Going to the Office
ABSTRACT
Work life marked by inactivity and prolonged commutes impacts employee health and
performance. This essay critically analyzes the effects of sedentary behavior associated with
downtime in the office and long commutes on employee health and productivity. Based on
a literature review, the impacts of unproductive time, the financial consequences of
unnecessary time spent at work, and the role of long commutes in exacerbating these
problems are examined. Institutional transportation is also explored as a structural strategy
to improve employee well-being, reduce financial losses, and optimize the use of public
resources. The findings suggest that organizational solutions focused on results, rather than
mere physical presence, can generate measurable benefits for both employees and the
institution
Keywords: sedentary behavior, prolonged commutes, productivity, institutional transportation,
financial losses, employee well-being
The authors declare no conflict of interest.
The Editor and the Reviewers declared no conflict of interest.
License:

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INTRODUCCIÓN
Uno de los factores que afectan el rendimiento laboral es el tiempo excesivo que una parte
importante del personal pierde al trasladarse diario a su lugar de trabajo. La literatura ha
demostrado que largos tiempos de desplazamiento se asocian con mayores niveles de estrés
y con una disminución del rendimiento una vez que los empleados llegan al puesto de trabajo,
ya sea por la fatiga acumulada o por estados de ánimo negativos que median dicha relación
(Calderwood & Mitropoulos, 2025). Estudios previos también han encontrado que la duración
y la distancia del trayecto se vinculan con el desempeño laboral a través del estado de ánimo
negativo al inicio de la jornada (Atis et al., 2022).
Además, existe evidencia consistente de que el esfuerzo cognitivo y emocional que implica el
traslado matutino no se limita al trayecto en sí, sino que se proyecta sobre la jornada laboral
posterior. Este desgaste previo puede traducirse en agotamiento emocional temprano, lo que
reduce la capacidad del trabajador para sostener niveles óptimos de desempeño a lo largo del
día (Smith & López, 2024). Desde esta perspectiva, el traslado deja de ser un factor externo al
trabajo y se integra como un componente que condiciona la experiencia laboral y sus
resultados, incluidos el ausentismo y la productividad, tal como se ha documentado en
distintos contextos organizacionales (Ma & Ye, 2019).
La normalización de periodos prolongados de inactividad laboral, en los cuales no se realizan
actividades que generen productividad, pero si la permanencia de los empleados en la oficina
por presión social aumenta el desgaste físico y emocional, especialmente cuando se suman
traslados largos.
El presente ensayo adopta un enfoque de análisis crítico y evidencia existente sobre los efectos
del sedentarismo y los traslados prolongados en la salud y productividad laboral, así como
sobre sus implicaciones institucionales.

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El análisis se centra en tres ejes: (1) el impacto del tiempo improductivo en la salud y el
desempeño de los trabajadores; (2) las consecuencias institucionales y patrimoniales de la
presencia sin productividad; y (3) los traslados prolongados en la intensificación de ambos
fenómenos.
Desarrollo
1. Los “tiempos muertos” en oficina como forma de desgaste laboral integral
Permanecer más tiempo en el centro laboral después del horario oficial de salida sin una
asignación real de tareas coloquialmente conocida como “tiempos muertos”, constituye una
práctica organizacional que va más allá de una simple ineficiencia operativa porque impacta
negativamente en múltiples dimensiones del trabajador. Existe evidencia desde el punto de
vista se la salud ocupacional, que se puede presentar desmotivación, agotamiento emocional
y sensación de no controlar el propio tiempo (Johns, 2010). Todo lo anterior obedece a una
cultura organizacional rígida con la exigencia de permanecer que se basa en normas
informales más que en objetivos claros.
Existen estudios sobre los tiempos muertos también llamados “presentismo”, que señalan que
la presencia física sin productividad efectiva no es neutra, sino que implica costos humanos
relevantes. Entre ellos se encuentran la disminución de la concentración, el aumento de
errores, irritabilidad y deterioro progresivo del compromiso laboral (Johns, 2010). En este
contexto, el trabajador no solo ve que su desempeño profesional inmediato está afectado,
también experimenta de manera constante menos tiempo que puede destinar al descanso, a
la vida personal y a la recuperación física y mental, elementos esenciales para un desempeño
saludable y sostenido.
Estas prácticas que se van generando hasta hacerse rutinarias generan, además, presiones
implícitas dentro de la cultura organizacional.

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Se puede interpretar como falta de compromiso cumplir estrictamente con el horario de
salida, aun cuando hayan sido concluidas las tareas asignadas. Este tipo de dinámicas limita
la innovación institucional y dificulta la transición hacia modelos de trabajo orientados a
resultados, interponiendo la presencia física y simbólica a la eficiencia real.
Desde el punto de vista de la salud, en entornos de oficina con tiempos muertos prolongados,
se ha vinculado con riesgos fisiológicos y clínicos relevantes para la salud pública. Permanecer
sentado por mucho tiempo se asocia con alteraciones cardiometabólicas, como elevaciones
de glucosa e insulina, así como con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y
enfermedades cardiovasculares. Lo relevante es que estos efectos persisten incluso cuando se
controlan los niveles de actividad física realizados fuera del horario laboral lo que sugiere que
la permanencia prolongada en posición sedentaria actúa como un factor de riesgo
independiente de otros hábitos de salud (Bailey, 2021).
Además de lo anterior, otra manifestación de alteraciones de la salud en los trabajadores con
jornadas extensas permaneciendo sentados, es la percepción negativa de su estado general
de salud y una mayor prevalencia de dolor musculoesquelético, principalmente en la región
lumbar y cervical. Estos hallazgos indican que las consecuencias del sedentarismo van más
allá de enfermedades crónicas, sino que también impactan de forma directa en la calidad de
vida laboral, contribuyendo a la fatiga, el malestar físico y menos satisfechos con su estado de
salud (BMC Public Health Study, 2021).
Estas asociaciones adversas entre tiempos muertos prolongados y problemas de salud son
consistentes con hallazgos de estudios más recientes que muestran cómo periodos
acumulados de estar sentado aumentan la probabilidad de desarrollar enfermedad crónica, y
que romper el tiempo sedentario con pausas activas breves puede atenuar algunos de estos
efectos negativos.

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Así, la evidencia académica respalda que estos periodos prolongados de inactividad no son
un comportamiento neutro, sino un factor de riesgo significativo para diversas patologías que
afectan tanto la salud física como el bienestar general de los trabajadores, reforzando la
necesidad de intervenciones organizacionales que reduzcan estos patrones de sedentarismo
(Bailey, 2021; BMC Public Health Study, 2021).
2. Asistencia sin productividad y su impacto en la institución
Más allá del impacto individual, los tiempos muertos en la oficina representan un costo
significativo para las instituciones, particularmente en el sector público, donde se utilizan
recursos del erario. El consumo de servicios como la electricidad, agua, climatización,
insumos sanitarios y mantenimiento de la infraestructura aumentan ante la permanencia
innecesaria del personal. Cuando estos recursos se emplean sin generar un valor público
equivalente, se configura un daño patrimonial institucional derivado del uso ineficiente de
estos bienes.
Sería más pertinente establecer y respetar los horarios de salida conforme al tipo de
contratación del personal, en lugar de colocar múltiples avisos improvisados en las oficinas
con adhesivos que, además de deteriorar las superficies, generan contaminación visual,
solicitando no olvidar apagar la luz cuando ya han excedido su jornada laboral hasta por cuatro
horas.
En este sentido, los costos derivados de la asistencia casi obligatoria pueden incluso superar
a los asociados al ausentismo. Esto se debe a que la operación institucional mantiene sus
gastos fijos mientras la productividad disminuye. En instituciones con una plantilla de personal
muy grande, esto impacta de manera significativa por el volumen de personal y por las largas
jornadas presenciales.

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El desempeño institucional se ve afectado negativamente ante la prolongada falta de
productividad ya que se enlentecen procesos, disminuye la capacidad de respuesta y la
innovación se restringe. Cuando se privilegia la asistencia por encima de los resultados, el
trabajo deja de medirse por lo que se logra y se reduce a cumplir horas. Así, el tiempo en la
oficina se vuelve un fin en sí mismo y no un medio para generar valor, lo que termina
contradiciendo cualquier idea de gestión pública moderna y eficiente.
3. Los traslados largos como detonante estructural del problema
Los extensos traslados diarios hacia los centros de trabajo constituyen un elemento central
para comprender tanto el desgaste del trabajador como la permanencia innecesaria en
oficinas. Estudios empíricos han demostrado que tiempos de traslado prolongados se asocian
con niveles de estrés altos, fatiga progresiva, menor satisfacción laboral, así como con un peor
desempeño cognitivo desde el inicio de la jornada (Ma & Ye, 2019; Wener & Evans, 2011).
Estos efectos desde el inicio de la jornada pueden condicionar la forma en que el trabajador
se desenvolverá el resto del día.
En las ciudades grandes y además complejas, los traslados además de consumir tiempo,
también energía física y emocional. Llegar exhausto desde el inicio de la jornada genera menor
capacidad de concentración y, de manera irónica, también afecta la disposición de salir a
tiempo al final del día porque el cansancio mental o la sensación de que “si ya que me tomé
todo este tiempo en el traslado, mejor me quedo más tiempo” fomentan prolongar la estancia
en la oficina. Así, los traslados largos dejan de ser un simple inconveniente externo y terminan
siendo un elemento que favorece estos periodos de inactividad en la oficina.
Además, tener que manejar largas distancias todos los días aumenta la carga mental que se
ha vinculado con más estrés crónico y menor bienestar general (Wener & Evans, 2011). En

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este contexto, el traslado ya no es solo una forma de llegar al trabajo, se convierte en una
especie de extensión no reconocida de la jornada laboral.
4. El transporte institucional como estrategia correctiva integral
Derivado de lo anterior, la implementación de un sistema de transporte institucional puede
entenderse no solo como una medida logística, sino como una estrategia organizacional que
puede generar un impacto significativo. En este sentido, un transporte proporcionado por la
institución y el hecho de no conducir favorece que el tiempo de traslado se vuelva mucho
menos agotador, ayuda a recuperarse físicamente y, sobre todo, reduce el estrés antes de
empezar la jornada laboral.
Existe evidencia la cual menciona que, al disminuir el estrés relacionado con los traslados, se
mejora el estado de ánimo y el rendimiento en el trabajo (Ma & Ye, 2019). Además, contar
con un transporte institucional con horarios establecidos ayuda a organizar mejor los horarios
de entrada y salida, lo que contribuye a que dejar la oficina a tiempo deje de ser visto como
algo “extraordinario” y a poner fin a la permanencia innecesaria como algo habitual.
Desde la perspectiva institucional, esta medida tiene el potencial de reducir el daño
patrimonial, al acotar las horas de presencia improductiva y disminuir el consumo innecesario
de recursos. Al mismo tiempo, envía una señal organizacional clara: el valor del trabajo se
mide por resultados y eficiencia, no por permanencia física prolongada.
Desde el punto de vista institucional, esta medida podría contribuir a reducir el daño
patrimonial al disminuir las horas de presencia improductiva y optimizar el uso de recursos.
Al mismo tiempo, deja claro que el valor del trabajo se debe medir por los resultados y la
eficiencia alcanzados, no por la permanencia física prolongada e innecesaria solo por
simulación en las instalaciones.

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En este sentido, se debe considerar al transporte institucional no sólo como un beneficio
adicional, sino una herramienta estratégica para reorganizar las prácticas laborales, favorecer
la salud de los trabajadores y hacer un uso más eficiente de los recursos públicos. Desde el
punto de vista financiero su implementación puede actuar como un impulsor para avanzar
hacia modelos de trabajo más racionales, humanos y responsables.
No obstante, la efectividad del transporte institucional puede verse limitada por factores como
la disponibilidad presupuestal, la cobertura geográfica de los recorridos y la aceptación del
personal, por lo que su implementación requiere planificación cuidadosa y seguimiento
continuo.
CONCLUSIÓN
El análisis desarrollado a lo largo de este ensayo permite sostener que la problemática de los
tiempos muertos en oficina no constituye un fenómeno aislado ni atribuible exclusivamente a
conductas individuales, sino que es el resultado de una configuración organizacional
ineficiente, estrechamente vinculada a los traslados prolongados y a la costumbre de tener
presencia física en la oficina sin ser productivo. Esta dinámica impacta negativamente en
múltiples dimensiones: afecta la salud física, emocional y social de los trabajadores y, de
manera paralela, produce un daño patrimonial institucional al consumir recursos públicos sin
un retorno proporcional en productividad o valor social.
La evidencia revisada muestra que los traslados extensos no solo afectan al trabajador antes
de iniciar su jornada, sino que influyen en su rendimiento, en su disposición a permanecer
innecesariamente en la oficina y en la aceptación tácita de prácticas laborales ineficientes. En
este sentido, los denominados tiempos muertos deben entenderse no como un problema de
disciplina o compromiso individual, sino como un síntoma estructural de modelos laborales

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que desatienden el desgaste acumulado del personal y privilegian la presencia simbólica por
encima de los resultados.
Frente a este escenario, no es suficiente con las campañas, infografía o recomendaciones para
cumplir buenas prácticas y que emiten las instituciones o incluso comisiones para la atención
de la salud mental de los trabajadores, estas resultan insuficientes por sí solas. Los cambios
estructurales se requieren para abordar el problema, que actúen sobre las condiciones que lo
generan.
En este contexto, además de facilitar el traslado, el transporte institucional se convierte en una
herramienta estratégica para reducir el agotamiento físico y mental resultado de los
desplazamientos diarios, permite mejorar la puntualidad y el cumplimiento efectivo de las
tareas durante la jornada laboral y limita la permanencia improductiva en las oficinas
protegiendo la salud de los trabajadores y haciendo más eficiente el uso de los recursos
públicos.
Implicaciones para el IMSS
En el contexto del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), particularmente en sus
oficinas centrales, los hallazgos de este ensayo adquieren una relevancia estratégica.
Implementar un transporte institucional podría generar beneficios significativos en distintos
ámbitos:
Bienestar del personal: La reducción de la carga física y mental asociada a traslados
prolongados favorece la puntualidad, la concentración y la capacidad de cumplimiento
efectivo a las labores dentro de la jornada.
Eficiencia administrativa: Establecer horarios de entrada y salida articulados con el transporte
institucional contribuye a limitar la permanencia improductiva en las instalaciones

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fomentando una cultura organizacional orientada a resultados más que a la mera presencia
física.
Ahorro patrimonial: Considerando un escenario aproximado con 300 trabajadores de nómina
de mando que reciben apoyo para estacionamiento público, con un costo promedio mensual
de $2,000, el gasto anual asciende a más de siete millones de pesos. Bajo un esquema de
transporte institucional que cubra al 70 % de este personal, el IMSS podría generar un ahorro
estimado superior a cinco millones de pesos al año, sin considerar los beneficios indirectos
asociados a la reducción del consumo de servicios e infraestructura. Esto evidencia que el
transporte institucional constituye una inversión con rentabilidad real, y no un gasto adicional.
En conjunto, el transporte institucional puede funcionar como una palanca de verdadera
transformación organizacional, integrando bienestar laboral, eficiencia operativa y protección
del patrimonio público. Su implementación permite al IMSS transitar de una cultura de
permanencia simbólica hacia una gestión basada en resultados medibles, sostenible y
replicable, consolidando al Instituto como referente muy importante al ser la Institución de
salud más grande de América Latina, en modernización y administración responsable de
recursos públicos.
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